The home of the Twelve Olympians… and yours too
27 Abr
El viernes pasado cogí la cámara para experimentar un poco, y me fuí al entorno de la catedral a hacer un poco el tonto. La idea era hacer fotos con el gran angular que me compré hace poco, pero después de un rato de experimentos (y de que no dejase de pasar gente por dónde más me molestaba…) decidí dar una vuelta; y justanemente ví auna chica que estaba leyendo tranquilamente, así que decidí hacer un “robado”
Vaya por delante, que en todo momento evité capturar la cara de la chica, y creo que más o menos lo logré. Y eso que me vió como que unas doce veces, pues como no tengo un tele-zoom, tampoco podía alejarme mucho para el plano que quería tomar, pero bueno, estuve haciendo experimentos, primero probando a que la chica saliese desenfocada, y luego a la inversa, que ella saliese enfocada y el plano anterior y posterior a ella saliesen desenfocados. Al final me quedé con está última opción y decidí ir a por un HDR… ya que el fondo, como se puede observar, tenía demasiado contraste y con el HDR al menos iba a suavizarlo. El tomar el HDR fue tarea complicada en tanto que había viento, estaba haciendo la foto a pulso (hubiera sido todo un cachondeo ponerme a retratar a la chica con el trípode…) y que la chica es un ser vivo y se mueve (a pesar de hacer las fotos en milésimas de segundos… pero siempre hay pequeños movimientos), pero hubo ese momento que la llamaron por teléfono y no se movió, ¿quién la llamaría?
El motivo de fotografiar a la chica, es que me recordó a mí; yo soy un ser relativamente solitario, y considero que la soledad no es más que otra compañía más que muchas veces necesitamos. Cuando uno está en soledad, significa que realmente no tiene nada, nada en que pensar, nada que hacer, nadie con quien hablar o a quien escuchar, simplemente está rodeado de la nada.
2 Responses for "La compañía de la soledad"
Es la foto que más me ha gustado hasta el momento. Mi interpretación está bastante lejos de tu visión final, pero la foto es inspiradora.
La soledad no implica no tener nada en que pensar. Al menos no para mi. Cuando estás solo es cuando mejor escuchas la reverberación de tus propios pensamientos, y eso ayuda a veces a darnos cuenta de la cantidad de gilipolleces que pensamos.
Cuántas veces habré estado yo sentada en el mismo lugar que esa chica, (muchas menos que en frente tomando tranquilamente una cerveza). Cuántas veces no habré creído soñar que llegaba a apreciar la ciudad desde ahí. Cuantas cosas buenas y malas he vivido en esa pequeña porción de espacio.
Como ves, aunque por motivos diferentes a los tuyos, yo también me siento identificada con esa chica.
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