The home of the Twelve Olympians… and yours too
14 Dic
Madre mía… ha pasado la semana volando
Para muchos el viernes es signo de felicidad pues los dos días más preciados de la semana están a punto de comenzar; para otros (me incluyo) el viernes es signo de trabajo, dos días, sin clase, lo cual supone que el tiempo que no tengo que dedicar en desplazamientos a diversas clases y las propias clases, lo debo destinar a otras tareas; como por ejemplo, el proyecto, estudiar, tocarme las narices (ya quisiera),…
Pero bueno, vayamos al tema que nos atañe. En el último par de semanas he sorprendido a un par de personas (para bien, no seamos mal pensados), y me he preguntado si a mí me satisface más sorprender o ser sorprendido; y para qué engañarnos, me gusta sorprender, me encanta ver la cara de sorpresa, o el comentario al respecto; si bien es cierto, que cuando pienso en ello (es decir, cuando “maquino” la sorpresa), no espero respuesta alguna más que la felicidad y satisfacción de esa persona.
No voy a negar que no me guste ser sorprendido, pero generalmente no me lo espero; quizás en algún momento lo pueda pensar, pero tengo tantas cosas en la cabeza que no puedo dedicar mucho más tiempo, así que se queda en el olvido de mi mente hasta la próxima vez que mi complicada mente considere que deba ser rescatado del baúl de los recuerdos. La verdad, como ya he dicho antes, disfruto elaborando el “asunto”, “maquinándolo”.
Otra parte interesante de mis sorpresas… es que son originales (modestia aparte :P). Conste que no llevo ningún listado para no repetir, o dedico horas y horas a ello. Por suerte, tengo momentos de inspiración, que, si hay algún evento cercano que afecte a alguien que conozca, y mi mente considere que merezca ser sorprendido, pues, se almacena, para elaborarlo posteriormente.
He de reconocer también, que no todo sale bien, aunque esto depende ya de la persona… alguna de mis “víctimas”, no han mostrado sentimiento alguno, y logicamente, uno se frusta, pues lo hace con cariño y dedicación, y luego llegan y parece que lo desprecian pero no te dicen que no les parece bien o que no les gusta. Vamos, que se queda en el limbo, y no hay peor cosa que la duda.
Ser sorprendido está bien, pero creo que sorprender es más divertido
Y qué mejor momento que la Navidad para ponerlo en práctica, si bien, debido a qué es la época de “intercambio” de regalos, quizás haya que invertir en originalidad en lugar de en valor económico, ¿no?