Estos últimos días estoy sufriendo un auténtico tornado de confusión, duda y frustración. Y, por momentos, estoy empezando a cansarme y enfadarme.

Todo viene con motivo de tener que justificar una decisión. Uno hace decisiones en la vida, que afectan a unos, a otros, a uno mismo o incluso a nadie. Pero hasta la fecha, nunca me había encontrado en la tesitura de tener la convicción de que lo que he decidido está bien hecho de acuerdo a mis principios y valores, pero la justificación de dicha decisión no le vale a nadie.

No es cuestión de explicar, más o menos, la decisión; sino que nadie parece querer entenderla. Si supiese porque no la entienden o porqué no la aceptan, quizás podría intentar otra vía, pero no es el caso. Las personas afectadas por la decisión, parecen comprenderla perfectamente pero no acaban de aceptarla, y por tanto, mi impresión es que no la entienden. Quizás es que lo estoy haciendo mal, o quizás es que realmente me he equivocado en mi decisión y soy yo quien no quiere aceptar el error (y en esto, por desgracia, soy un auténtico cabezota…).

Esta situación está provocando que llegue a la conclusión de que es mejor satisfacer a esos que parecen no entenderla, a costa de perjudicar a otros. Lo peor, es que estoy empenzando a asumir que es aceptable perjudicar a unos a costa de satisfacer a esos que me están dando un auténtico quebradero de cabeza, es decir, estoy invirtiéndo las cosas para obtener una paz mental, que realmente necesito.

Sin embargo, también pienso que hay que resistir, pues las decisiones no tienen porqué gustar a todos (en muchas situaciones intento equilibrar la balanza para que todos estén a gusto, a costa, de perjudicarme a mí; pero sabiendo que he conseguido el equilibrio y que ese perjuicio que me he provocado vale la pena) y en ésta ocasión es imposible encontrar un equilibrio.

Resumiendo, tengo la convicción de que lo he hecho bien, pero tengo a un grupo de afectados por dicha decisión a los que, logicamente, no les gusta nada. Y ésta vez, estoy dispuesto a aceptar el desequilibrio pues la decisión es buena.