No olvidaré el frágil movimiento de tus rubios cabellos, tus tímidos y honrados ojos azules, la sencillez de tus labios, la claridad de tu tez, la sinceridad de tus palabras, la belleza de tu sonrisa,…
Te recuerdo como si estuviera viéndote por primera vez, apoyada en la barandilla de el Pier observando la mar mientras la brisa jugaba cuidadosamente con tus cabellos. Recuerdo como dejaste de observar el vaivén de las olas para dirigr tu tímida y dulce mirada hacia aquel extraño que estaba a tu izquierda, dejándome prendado de la sinceridad de tu mirada que me ha cautivado todo este tiempo.
También recuerdo el último momento que te ví, estabas en la parada del autobús con tu amiga, yo sólo deseaba que el tiempo no avanzase, que el autobús nunca llegase; pero lo inevitable ocurrió, el autobús se aproximaba a la parada, rápido y veloz, y, mientras la muchedumbre que estaba en la parada se apelotonaba en las puertas del autobús, me decías una y otra vez que fuera a despedirte al día siguiente, yo no podía escuchar más que el murmullo de la gente, era como si tus palabras no pudiesen entrar en mi cabeza, como si, por primera vez, no quisiera escuchar aquella voz que había escuchado con atención durante esas tres semanas en la playa y que junto con la música del mar formaba una sinfonía. La muchedumbre subía al autobús, cada vez había menos gente y tu amiga insistía en subir al autobús. Repetiste por última vez aquello que habías estado diciéndome una y otra vez y… me diste el último beso, que acompañaste con un adiós.
Nuca me han gustado las despedidas, no las he llevado bien pero he conseguido despedirme, sin embargo, el adiós que me pedías ha sido el único, hasta la fecha, que no he sido capaz de decir. Llegué a lo alto de la colina para observar atentamente como esperabas al autobús y me buscabas entre la gente que paseaba por la acera, pero era incapaz de moverme, era como si estuviera anclado al suelo; una parte de mí quería avanzar por la calle, pero mis piernas no se movían. Una lágrima refrescó mi mejilla mientras te decía adiós.
Hasta siempre, Eini.











